Enséñanos a orar

Cuando Jesús comenzó su ministerio, su primera predicación fue llamar a las personas a arrepentirse y creer en el evangelio. Luego, busco intencionalmente a doce hombres para enseñarles acerca del reino de Dios aproximadamente por tres años.

Durante ese tiempo, sus discípulos vieron muchos milagros de parte de Jesús. Vieron a Jesús expulsar un espíritu demoniaco en una persona, cuando sano a varias personas que padecían de diferentes tipos de enfermedades. Vieron cuando sano a un leproso, cuando sano a un paralítico, cuando resucito a una niña, cuando sano a un sordo mudo, cuando le dio la vista a un ciego. Vieron cuando Jesús enseñó las Escrituras con autoridad, y como muchos se maravillaron de su doctrina.

Pero hay algo que los discípulos también vieron a Jesús hacer durante el tiempo que él estuvo con ellos, algo diferente, y fue la oración. Vieron a Jesús tener comunión íntima con el Padre. Vieron a Jesús después de sanar, enseñar, pasar mucho tiempo con ellos, aún apartaba tiempo para estar a solas con el Padre. Esa comunión de Jesús con Dios fue lo que a sus discípulos los cautivó.

Seguramente tras observar mucho lo que veían en la vida de Jesús, entendieron que orar era un deleite. Por supuesto ellos sabían orar, pero no como Jesús. Seguramente conversaron sobre el tema de la oración y llegaron a un acuerdo que uno de ellos se acercara a Jesús a hacer la petición de que les enseñara a orar. Por eso, uno de los discípulos fue a Jesús y le dijo: «enséñanos a orar» Lucas 11:1

Los discípulos pudieron haber hecho una petición diferente a Jesús, que les enseñara interpretar las escrituras, o enseñar las escrituras, o ir un poco más lejos, pedir a Jesús el don de hacer milagros o cómo calmar las tormentas. Pero la oración fue lo que les cautivó, la oración de Jesús con el Padre era algo especial, era diferente, diferente de las oraciones de los gentiles, de los fariseos o de los saduceos, incluso diferente a la oración de ellos.

Luego Jesús, «les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos.» Lucas 11:2

La mayoría de nosotros podríamos caer en el error de desear hacer muchas cosas para el Señor, servir en algún ministerio, desear ser usados para hacer milagros, o desear aprender a predicar o hacer discípulos. Aunque todo eso no es malo en si. Incluso debemos buscar hacer discípulos o enseñar la palabra. Pero hasta este momento Debemos ser como los discípulos; desear orar, desear tener comunión con el Padre.

Puede que estes sirviendo en la iglesia y estés invirtiendo mucho tu tiempo en su reino, pero no descuides tu comunión con el Padre. Porque al final, no son las buenas obras que produce amor por la gente o por Dios. Sino tu relación con Él. Cultiva tu amor hacia Él a través de la oración, la lectura y meditación en su Palabra.

*Foto: Unsplash

Escrito por

Cristiano Bautista Reformado. Introvertido. Café y Libros.